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Mostrando entradas de octubre, 2009

Edgar Allan Poe - por Rubén Darío

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EDGAR ALLAN POE

EN UNA MAÑANA fría y húmeda llegué por primera vez al inmenso país de los Estados Unidos. Iba el steamer despacio, y la sirena aullaba roncamente por temor de un choque. Quedaba atrás Fire Island con su erecto faro; estábamos frente a Sandy Hook, de donde nos salió al paso el barco de sanidad. El ladrante slang yanqui sonaba por todas partes, bajo el pabellón de bandas y estrellas. El viento frío, los pitos arromadizados, el hu­mo de las chimeneas, el movimiento de las máquinas, las mismas ondas ventrudas de aquel mar estañado, el va­por que caminaba rumbo a la gran bahía, todo decía: all right! Entre las brumas se divisaban islas y barcos. Long Island desarrollaba la inmensa cinta de sus costas, y Sta-ten Island, como en el marco de una viñeta, se presenta­ba en su hermosura, tentando al lápiz, ya que no, por la falta de sol, la máquina fotográfica. Sobre cubierta se agrupan los pasajeros: el comerciante de gruesa panza, congestionado como un pavo, con en…

Borges y lo fantástico

Algunos de los navegantes de este sitio entraron con la pretención de encontrar algún artículo sobre la literatura borgeana y lo fantástico. Hoy vengo a hacerles entrega de estos dos lindos textos:

1) Anotaciones sobre lo fantástico en Borges deAlejandro J. López.
    Publicado en Hybrido: arte y literatura, ISSN 1930-2711, Año 4, Nº. 4, 2000 , pags. 91-96
Descargar.

2) Escepticismo y literatura fantástica en la obra de Jorge Luís Borges de Bernat Castany Prado
    Publicado en  Konvergencias literatura, Nº. 3, 2006
    Para ver el texto completo click aquí

Rimas - Becquer XXVI

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Rimas - Becquer




XXVI


  Voy contra mi interés al confesarlo;
     Pero yo, amada mía,
Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
De un billete de Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
     Se haga cruces y diga:
«Mujer al fin del siglo diez y nuve,
Material y prosaica...» ¡Bobería!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
Que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
Con genio, es muy contado quien la escribe,
Y, con oro, cualquiera hace poesía.

Rimas - Becquer XXV

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Rimas - Becquer




XXV

  Cuando en la noche te envuelven
Las alas de tul del sueño,
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano;
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
     Diera, alma mía,
     Cuanto posea:
     ¡La luz, el aire
     Y el pensamiento!


  Cuando se clavan tus ojos
En un invisible objeto,
Y tus labios ilumina
De una sonrisa el reflejo;
Por leer sobre tu frente
El callado pensamiento
Que pasa como la nube
Del mar sobre el ancho espejo,
     Diera, alma mía,
     Cuanto deseo:
     ¡La fama, el oro,
     La alegría, el genio!


  Cuando enmudece tu lengua
Y se apresura tu aliento,
Y tus mejillas se encienden,
Y entornas tus ojos negros;
Por ver entre tus pestañas
Brillar con húmedo fuego
La ardiente chispa que brota
Del volcán de los deseos,
     Diera, alma mía,
     Por cuanto espero,
     ¡La fe, el espíritu,
     La tierra, el cielo!

Rimas - Becquer XXIV

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Rimas - Becquer




XXIV


  Dos rojas lenguas de fuego
Que, a un mismo tronco enlazadas,
Se aproximan, y al besarse
Forman una sola llama:

  Dos notas que del laúd
A un tiempo la mano arranca,
Y en el espacio se encuentran
Y armoniosas se abrazan;

  Dos olas que vienen juntas
A morir sobre una playa,
Y que al romper se coronan
Con un penacho de plata;

  Dos jirones de vapor
Que del lago se levantan,
Y al juntarse allí en el cielo
Forman una nube blanca;

  Dos ideas que al par brotan,
Dos besos que a un tiempo estallan,
Dos evos que se confunden...
Eso son nuestras dos almas.

Rimas - Becquer XXIII

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Rimas - Becquer




XXIII


  Por una mirada, un mundo;
Por una sonrisa, un cielo;
Por un beso... ¡yo no sé
Qué te diera por un beso!

Rimas - Becquer XXII

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Rimas - Becquer




XXII


  ¿cómo vive esa rosa que has prendido
     Junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemple en la tierra
     Sobre el volcán la flor.

Rimas - Becquer XXI

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Rimas - Becquer




XXI

—¿Qué es poesía? —dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul—;
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
     Poesía... ¡eres tú!

Rimas - Becquer XX

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Rimas - Becquer




XX


  Sabe, si alguna vez tus labios rojos
Quema invisible atmósfera abrasada,
Que el alma que hablar puede con los ojos,
Tambien puede besar con la mirada.

Rimas - Becquer XIX

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Rimas - Becquer




XIX

  Cuando sobre el pecho inclinas
La melancólica frente,
Una azucena tronchada
     Me pareces.


  Porque al darte la pureza,
De que es símbolo celeste,
Como a ella, te hizo Dios
     De oro y nieve.

Rimas - Becquer XVIII

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Rimas - Becquer




XVIII


       Fatigada del baile,
Encendido el color, breve el aliento,
     Apoyada en mi brazo,
Del salón se detuvo en un extremo.


       Entre la leve gasa
Que levantaba el palpitante seno,
     Una flor se mecía
En compasado y dulce movimiento.


       Como en cuna de nácar
Que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
     Tal vez allí dormía
AL soplo de sus labios entreabiertos.


       —¡Oh!! ¡Quén así —pensaba—
Dejar pudiera deslizarse el tiempo!
     ¡Oh, si las flores duermen,
     Qué dulcísimo sueño!

Rimas - Becquer XVII

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Rimas - Becquer




XVII


  Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
Hoy llega al fondo de mi alma el sol;
Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...
     ¡Hoy creo en Dios!

Rimas - Becquer XVI

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Rimas - Becquer




XVI

  Si al mecer las azules campanillas
     De tu balcón,
Crees que suspirando pasa el viento
     Murmurador,
Sabe que, oculto entre las verdes hojas,
     SUspiro yo.


  Si al resonar confuso a tus espaldas
     Vago rumor,
Crees que por tu nombre te ha llamado
     Lejana voz,
Sabe que, entre las sombras que te cercan,
     Te llamo yo.


  Si se turba medroso en la alta noche
     Tu corazón,
AL sentir en tus labios un aliento
     Abrazador,
Sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
     Respiro yo.


Rimas - Becquer XV

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Rimas - Becquer




XV


  Cendal flotante de leve bruma,
Rizada cinta de blanca espuma,
     Rumor sonoro
     De arpa de oro,
Beso del aura, onda de luz:
     Eso eres tú.

  Tú, sombra aérea, que cuantas veces
Voy a tocarte, te desvaneces
Como la llama, como el sonido,
Como la niebla, como el gemido
     Del lago azul.

  En mar sin playas onda sonante,
En el vacío cometa errante,
     Largo lamento
     Del ronco viento,
Ansia perpetua de algo mejor:
     Eso soy yo.

  ¡Yo, que a tus ojos en mi agonía
Los ojos vuelvo de noche y día;
Yo, que incansable corro y demente
Tras una sombra, tras la hija ardiente
     De una visión!

Rimas - Becquer XIV

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Rimas - Becquer




XIV


  Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
La imagen de tus ojos se quedó.
COmo la mancha oscura, orlada en fuego,
Que flota y ciega, si se mira al sol.

  Adondequiera que la vista fijo,
Torno a ver tus pupilas llamear;
Mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
Unos ojos, los tuyos, nada más.

  De mi alcoba en el ángulo los miro,
Desasidos, fantásticos lucir;
Cuando duermo los siento que se ciernen
De par en par abiertos sobre mí.

  Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
Llevan al caminante a perecer:
Yo me siento arrastrado por tus ojos,
Pero adónde me arrastran, no lo sé.

Alejandra Pizarnik - "Diálogos" - Cortometraje

Un hermosa adaptación de "Diálogos" de Alejandra Pizarnik.

Mme. Lamorte
Carlos Martínez
Sandra Mangano

Arte
Rosario Gianola

Sonido
Carlos Martínez

Música
"Cello Concierto" - Penderecky
"The divine liturgy" - Rachmanings

Producción
Enrique Galvani

Dirección
Carlos Martínez

"Palabras para iluminar el silencio" 2005. Córdoba, Argentina.

Rimas - Becquer XIII

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Rimas - Becquer




XIII

  Tu pupila es azul, y, cuando ríes,
Su claridad süave me recuerda
El trémulo fulgor de la mañana
     Que en el mar se refleja.

  Tu pupila es azul, y, cuando lloras,
Las trasparentes lágrimas en ella
Se me figuran gotas de rocío
     Sobre una violeta.

  Tu pupila es azul, y, si en su fondo
Como punto de luz radia una idea,
Me parece en el cilo de la tarde
     ¡Una perdida estrella!

Rimas - Becquer XII

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Rimas - Becquer




XII


  Porque son, niña, tus ojos
Verdes como el mar, te quejas;
Verdes los tienen las náyades,
Verdes los tuvo Minerva,
Y verdes son las pupilas
De las hurís del profeta.

  El verde es gala y ornato
Del bosque en la primavera;
Entre sus siete colores
Brillante el iris lo ostenta;
Las esmeraldas son verdes,
Verde el color del que espera,
Y las ondas del Océano,
Y el laurel de los poetas.

  EN tu mejilla temprana
Rosa de escarcha cubierta,
En que el carmín de los pétalos
Se ve al través de las perlas.
     Y, sin embargo,
     Sé que te quejas,
     Porque tus ojos
     Crees que la afean:
     Pues no lo creas;
Que parecen tus pupilas
Húmedas, verdes e inquietas,
Tempranas hojas de almendro
Que al soplo del aire tiemblan.

  Es tu boca de rubíes
Purpúrea granada abierta,
Que en el estío convida
A apagar la sed en ella.
     Y, sin embargo,
     Sé que te quejas,
     POrque tus ojos
     Crees que la afean:
     Pues no lo creas;
Que parecen, al enojada
Tus pupilas cente…

Rimas - Becquer XI

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Rimas - Becquer




XI


  —Yo soy ardiente, yo soy morena,
Yo soy el símbolo de la pasión;
De ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas? —No es a tí; no.

  —MI frente es pálida, mis trenzas, de oro;
Puedo brindarte dichas sin fin;
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas? —No, no es a tí.

  —Yo soy un sueño, un imposible,
Vano fantasma de niebla y luz;
Soy incorpórea, soy intangible;
No puedo amarte. —¡Oh, ven; ven tú!

Rimas - Becquer X

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Rimas - Becquer




X


  Los invisibles átomos del aire
En derredor palpitan y se inflaman;
El cielo se deshace en rayos de oro;
La tierra se estremece alborozada;
Oigo flotando en olas de armonía
Rumor de besos y batir de alas;
Mis párpados se cierran... ¿qué sucede?
—¡Es el amor que pasa!

Rimas - Becquer IX

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Rimas - Becquer




IX


  Besa el aura que gime blandamente
Las leves ondas que jugando riza;
El sol besa a la nube en Occidente
Y de púrpura y oro la matiza;
La llama en derredor del tronco ardiente
Por besar a otra llama se desliza,
Y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
Al río que le besa, vuelve un beso.

Rimas - Becquer VIII

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Rimas - Becquer




VIII


  Cuando miro el azul horizonte
     Perderse a lo lejos,
Al través de una gasa de polvo
     Dorado e inquieto,
Me parece posible arrancarme
     Del mísero suelo,
Y flotar con la niebla dorada
     En átomos leves
     Cual ella deshecho.

  Cuando miro de noche en el fondo
     Oscuro del cielo
Las estatuas temblar, como ardientes
     Pupilas de fuego,
Me parece posible a do brillan
     Subir en un vuelo,
Y anegarme en su luz, y con ellas
     En lumbre encendido
     Fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo
     Ni aun sé lo que creo;
¡Sin embargo, estas ansias me dicen
     Que yo llevo algo
     Divino aquí dentro!...

Rimas - Becquer VII

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Rimas - Becquer




VII

  Del salón en el ángulo oscuro,
De su dueño tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo
     Veíase el arpa.

  ¡Cuán nota dormía en sus cuerdas,
Como el pájaro duerme en la rama,
Esperando la mano de nieve
     Que sabe arrancarlas!

  ¡Ay! —pensé— ¡cuántas veces el genio
Así duerme en el fondo del alma,
Y una voz, como Lázaro, espera
Que le diga: «¡Levántate y anda!».

Rimas - Becquer VI

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Rimas - Becquer




VI


  Como la brisa que la sangre orea
Sobre el oscuro campo de batalla,
Cargada de perfumes y armonías
En el silencio de la noche vaga;

  Símbolo del dolor y la ternura,
Del bardo ingés en el horrible drama,
La dulce Ofelia, la razón perdida,
Cogiendo flores y cantando pasa.

Rimas - Becquer V

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Rimas - Becquer





V


  Espíritu sin nombre,
Indefinible esencia,
Yo vivo con la vida
Sin formas de la idea.

  Yo nado en el vacio,
Del sol tiemblo en la hoguera,
Palpito entre las sombras
Y floto con las nieblas.

  Yo soy el fleco de oro
De la lejana estrella;
Yo soy de la alta luna
La luz tibia y serena.

  Yo soy la ardiente nube
Que en el ocaso ondea;
Yo soy del astro errante
La luminosa estela.

  Yo soy nive en las cumbres,
Soy fuego en las arenas,
Azul onda en los mares,
Y espuma en las riberas.

  En el laúd soy nota,
Perfume en la violeta,
Fugaz llama en las tumbas,
Y en las ruïnas hiedra.

  Yo atrueno en el torrente,
Y silbo en la centella,
Y ciego en el relámpago,
Y rujo en la tormenta.

  Yo río en los alcores.
Susurro en la lata yerba,
Suspiro en la onda pura,
Y llor en la hoja seca.

  Yo ondulo con los átomos
Del humo que se eleva
Y al cielo lento sube
En espiral inmensa.

  Yo, en los dorados hilos
QUe los insectos cuelgan,
Me mezco entre los árboles
En la ardorosa sieta.

  Yo corro tras las ninfas
Que en la corriente fr…

Rimas - Becquer IV

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Rimas - Becquer




IV

  No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
     Habrá poesía.

  Mientras las ondas de la luz al beso
     Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
     De fuego y oro vista;

  Mientras el aire en su regazo lleve
     Perfumes y armonías;
Mientras haya en el mundo primavera,
     ¡Habrá poesía!

  Mientras la ciencia a descubrir no alcance
     Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
     Que al cálculo resista;

  Mientras la humanidad siempre avanzando
     No sepa a do camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
     ¡Habrá poesía!

  Mientras sintamos que se alegra el alma,
     Sin que los labios rían;
Mientras se llre sin que el llanto acuda
     A nublar la pupila;

  Mientras el corazón y la cabeza
     Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
     ¡Habrá poesía!

  Mientras haya unos ojos que reflejen
     Los ojos que los miran;
Mien…

Rimas - Becquer III

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Rimas - Becquer




III

  Sacudimiento extraño
Que agita las ideas,
Como huracán que empuja
Las olas en tropel;

  Murmullo que en alma
Se eleva y va creciendo,
Como volcán que sordo
Anuncia que va a arder;

  Deformes silüetas
De seres imposibles;
Paisajes que aparecen
Como a través de un tul;

  Colores que fundiéndose
Remedan en el aire
Los átomos del iris,
Que nadan en la luz;

  Ideas sin palabras,
Palabras sin sentido;
Cadencias que no tienen
Ni ritmo ni compás;

  Memorias y deseos
De cosas que no existen;
Accesos de alegría,
Impulsos de llorar;

  Actividad nerviosa
Que no halla en qué emplearse;
Sin rienda que lo guíe
Caballo volador;

  Locura que el espíritu
Exalta y enardece;
Embriaguez divina
Del genio Creador...
  ¡Tal es la inspiración!

  Gigante voz que el caos
Ordena en el cerebro,
Y entre las sombras hace
La luz aparecer;

  Brillante rienda de oro
Que poderosa enfrena
De la exaltada mente
El volador corcel;

  Hilo de luz quen haces
Los pensamientos ata;
Sol que las nubes rompe
Y…

Rimas - Becquer II

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 Rimas - Becquer




II

  Saeta que voladora
Cruza, arrojada al azar,
Sin adivinarse dónde
Temblando se clavará;

  Hoja que del árbol seca
Arrebata el vendaval,
Sin que nadie acierte el surco
Donde a caer volverá;

  Gigante ola que el viento
Riza y empuja en el mar,
Y rueda y pasa, y no sabe
Qué playa buscando va;

  Luz que en cercos temblorosos
Brilla, próxima a expirar,
Ignorándose cuá de ellos
El último brillará;

  Eso soy yo, que al acaso
Cruzo el mundo, sin pensar
De dónde vengo, ni adónde
Mis pasos me llevarán.

Rimas - Bequer

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Rimas - Becquer



I

  Yo sé un himno gigante y extraño
Que anuncia en la noche del alma una aurora,
Y estas páginas son de ese himno
Candencias que el aire dilata en las sombras.

  Yo quisiera escribirlo, del hombre
Domando el rebelde, mezquino idioma,
Con palabras que fuesen a un tiempo
Suspiros y risas, colores y notas.

  Pero en vano es luchar; que no hay cifra
Capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
Pudiera, al oído, cantártelos a solas.

En su álbum - Evaristo Carriego

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En su álbum - Evaristo Carriego


Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos,
te resultasen ásperos sus rendidos saludos,
y quieres blandos ritmos de credos idealistas,
aguarda delicados poemas modernistas
que alabarán en oro tus posibles desdenes,
coronando de antorchas tan olímpicas sienes,
devotos de la blanca lis de tu aristocracia,
con que ilustro los rojos claveles de mi audacia,
o espera, seductora, decadentes orfebres
que graben tus blasones en sus creadoras fiebres:
Yo trabajo el acero de temples soberanos:
los sonantes cristales se rompen en mis manos.

Palmera brasileña, que al caminante herido
ofrendarás tus dátiles de Pasión y de Olvido,
en el Desierto Único: tú eres la apoteosis
que nimbando de incendios sus fecundas neurosis,
cruzas por los vaivenes de sus hondos desvelos
como si fueras Luna de sus noches de duelos.
Yo traigo a tu floresta la Alondra moribunda
que, en el violín del Bosque, preludió la errabundo
sinfonía terrena de aquel Ardor eterno
que ahuyenta suavemente las aves del In…

La apostasía de Andresillo - Evaristo Carriego

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 La apostasía de Andresillo - Evaristo Carriego


 I

Pues, aquí estoy señores. Pues yo soy Andresillo,
¿No recuerdan ustedes? Yo soy aquel chiquillo
a quien el gran Quijote librara cierto día
porque ahí encajaba bien su caballería
de la nube de palos, que mi amo, furioso,
sobre mí descargaba ferozmente donoso.
Al pobre señor loco le hice una ruin ofensa,
maldiciendo, más tarde, su gallarda defensa,
dejándole mohíno, cabizbajo y corrido.
(Sé que fui un mentecato). Después, arrepentido,
al correr de los años, comprendiendo la humana
obra que yo pagase con acción tan villana,
deseoso de la gracia del noble caballero,
sobre su incierto rumbo interrogué al ventero
y el muy bellaco, riendo, me relató su muerte
(Desde entonces empieza lo malo de mi suerte).

II

Así, olvidando algunas de las cerriles mañas,
vine a ser otro andante, soñador de fazañas
inauditas y fieras, en lides peligrosas
que los encantamientos no hacen siempre sabrosas.
Porque ya se mostraba cansado de su dueño
al flaco Rocina…

La muerte del cisne - Evaristo Carriego

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La muerte del cisne - Evaristo Carriego




En un largo alarido de tristeza
los heraldos, sombríos, la anunciaron,
y las faunas errantes se aprontaron
a dejar el amor de la aspereza.

Con el Genio del bosque a la cabeza,
una noche y un día galoparon,
y cual corceles épicos llegaron
en un tropel de bárbara grandeza.

Y ahí están. Ya salvajes emociones,
rugen coros de líricos leones
cuando allá en los remansos de lo Inerte,

como surgiendo de una pesadilla,
¡Grazna un ganso alejado de la orilla
la bondad provechosa de la Muerte!

Alejandra Pizarnik - Imagen

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El juguete rabioso - Roberto Arlt

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Como en algunos países el lapso de copyright se extiende 50 años o menos desde el fallecimiento del autor, Wikisourse alberga una versión digital de El juguete rabioso, publicada en 1926, es la primera novela de Arlt.

Disfrutá, si no sos de Argentina, de esta obra en Domino Público.

Por el alma de Don Quijote - Evaristo Carriego

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Por el alma de Don Quijote - Evaristo Carriego


Con el más reposado y humilde continente,
de contrición sincera, suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos normales,
sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en comparsa,
ensaya el llanto trágico que llorará en la farsa,
dedico estos sermones, porque sí, porque quiero,
al único, al Supremo Famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
que ahora está en la Gloria, y a la diestra del Bueno:
su dulcísimo hermano Jesús el Nazareno,
con las desilusiones de sus caballerías
renegando de todas nuestras bellaquerías.

Pero me estoy temiendo que venga algún chistoso
con sátiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarrón hiriente,
y descubra, tan grave como irónicamente,
a la sandez de Sancho se la llama ironía,
que mi amor al Maestro se convierte en manía.
Porque así van las cosas, la más simple creencia
requiere el visto…

El dúo de la tos - Leopolodo Alas (Clarín).

El dúo de la tos - Leopolodo Alas (Clarín).El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, docenas y docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y que cada cual toma por los de la víspera. «Se está aquí más solo que en la calle, tan solo como en el desierto», piensa un bulto, un hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa un cigarro apoyándose con ambos codos en el hierro frío de un balcón, en el tercer piso. En la obscuridad de la noche nublada, el fuego del tabaco brilla en aquella altura como un gusano de luz. A veces aquella chispa triste se mueve, se amortigua, desaparece, vuelve a brillar. «Algún viajero que fuma», piensa o…