Andalucía - Oliverio Girondo

El 17 de agosto de 1891, nació en Buenos Aires Oliverio Girondo. Consecuente cultor de las formas de vanguardia, caracterizado por la audacia de sus metáforas, integrante del grupo literario de Florida, colaboró en las revistas Proa, Prisma y Martín Fierro, entre otras. Autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, Campo nuestro, Calcomanías, Espantapájaros, Persuasión de los días, En la masmédula, etc. Falleció el 24 de enero de 1967.

En esta entrada, compartimos "Andalucía" perteneciente a Calcomanías y un breve comentario sobre el poema escrito hace mucho tiempo.

Bio: Télam

Siesta

Un zumbido de moscas anestesia la aldea.
El sol unta con fósforo el frente de las casas,
y en el cauce reseco de las calles que sueñan
deambula un blanco espectro vestido de caballo.

Penden de los balcones racimos de glicinas
que agravan el aliento sepulcral de los patios
al insinuar la duda de que acaso estén muertos
los hombres y los niños que duermen en el suelo.

La bondad soñolienta que trasudan las cosas
se expresa en las pupilas de un burro que trabaja
y en las ubres de madre de las cabras que pasan
con un son de cencerros que, al diluirse en la tarde,
no se sabe si aún suena o ya es sólo un recuerdo...
¡Es tan real el paisaje que parece fingido!

Andalucía,
1923

Comentario

Andalucía es la ciudad "moderna" a poetizada en “Siesta”. Recurre el poeta a la descripción como una forma de detener la progresión del tiempo, la acumulación todo lo que se ve da una leve sensación de avance. Ahora bien, este poema se inscribe dentro del poemario Calcomanías con lo que hace presumible el hecho de que sus poemas configurarán imágenes de las ciudades que el poeta visite. Imagen de esta Andalucía detenida en el tiempo, de esta ciudad-aldea en la que sus habitantes se acuestan a dormir la siesta “los hombres y los niños que duermen en el suelo”, de esta ciudad “soñolienta” que de tanta monotonía que no se sabe si es un paisaje real o fingido.

Así presentado, el poema parece no hablar de la ciudad moderna, sino remitirse a una temática bucólica. Remite sí al trabajo de los burros y a las ubres de las cabras, a los cencerros y a los caballos, pero en ese trayecto simbólico hacia lo bucólico también menciona “el cauce reseco de las calles”. Al presentar esas calles resecas, el poeta no hace otra cosa más que hablar de lo que son las ciudades modernas, pero en este caso eludiendo la descripción de lo que es una ciudad moderna. Imaginemos entonces, la ciudad moderna como un flujo continuo de tránsito, de gente despierta, balcones adornados por niñas-mujeres, de ruidos y no de sonidos de cencerros, de una naturaleza desteñida, pero de la que no se guarda ningún tipo de sentimiento nostálgico.

Alude esa naturaleza —desde el punto de vista del spleen, del caminador de la ciudad moderna y, por lo tanto, del ciudadano moderno— a un paisaje de ficción. Recreación de lo sepulcral “racimos de glicinas/que agravan el aliento sepulcral de los patios/ al insinuar la duda de que acaso estén muertos/ los hombres y los niños que duermen en el suelo”. Aroma de una vida tan “simple” que puede ser expresada por las “pupilas de un burro”. Imagen holográfica, entonces, que permite representar mejor lo que es la ciudad moderna para el poeta.

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