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Rimas - Becquer XXVI

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Rimas - Becquer




XXVI


  Voy contra mi interés al confesarlo;
     Pero yo, amada mía,
Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
De un billete de Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
     Se haga cruces y diga:
«Mujer al fin del siglo diez y nuve,
Material y prosaica...» ¡Bobería!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
Que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
Con genio, es muy contado quien la escribe,
Y, con oro, cualquiera hace poesía.

Rimas - Becquer XXV

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XXV

  Cuando en la noche te envuelven
Las alas de tul del sueño,
Y tus tendidas pestañas
Semejan arcos de ébano;
Por escuchar los latidos
De tu corazón inquieto
Y reclinar tu dormida
Cabeza sobre mi pecho,
     Diera, alma mía,
     Cuanto posea:
     ¡La luz, el aire
     Y el pensamiento!


  Cuando se clavan tus ojos
En un invisible objeto,
Y tus labios ilumina
De una sonrisa el reflejo;
Por leer sobre tu frente
El callado pensamiento
Que pasa como la nube
Del mar sobre el ancho espejo,
     Diera, alma mía,
     Cuanto deseo:
     ¡La fama, el oro,
     La alegría, el genio!


  Cuando enmudece tu lengua
Y se apresura tu aliento,
Y tus mejillas se encienden,
Y entornas tus ojos negros;
Por ver entre tus pestañas
Brillar con húmedo fuego
La ardiente chispa que brota
Del volcán de los deseos,
     Diera, alma mía,
     Por cuanto espero,
     ¡La fe, el espíritu,
     La tierra, el cielo!

Rimas - Becquer XXIV

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Rimas - Becquer




XXIV


  Dos rojas lenguas de fuego
Que, a un mismo tronco enlazadas,
Se aproximan, y al besarse
Forman una sola llama:

  Dos notas que del laúd
A un tiempo la mano arranca,
Y en el espacio se encuentran
Y armoniosas se abrazan;

  Dos olas que vienen juntas
A morir sobre una playa,
Y que al romper se coronan
Con un penacho de plata;

  Dos jirones de vapor
Que del lago se levantan,
Y al juntarse allí en el cielo
Forman una nube blanca;

  Dos ideas que al par brotan,
Dos besos que a un tiempo estallan,
Dos evos que se confunden...
Eso son nuestras dos almas.

Rimas - Becquer XXIII

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XXIII


  Por una mirada, un mundo;
Por una sonrisa, un cielo;
Por un beso... ¡yo no sé
Qué te diera por un beso!

Rimas - Becquer XXII

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XXII


  ¿cómo vive esa rosa que has prendido
     Junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemple en la tierra
     Sobre el volcán la flor.

Rimas - Becquer XXI

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XXI

—¿Qué es poesía? —dices mientras clavas
En mi pupila tu pupila azul—;
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
     Poesía... ¡eres tú!

Rimas - Becquer XX

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XX


  Sabe, si alguna vez tus labios rojos
Quema invisible atmósfera abrasada,
Que el alma que hablar puede con los ojos,
Tambien puede besar con la mirada.

Rimas - Becquer XIX

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XIX

  Cuando sobre el pecho inclinas
La melancólica frente,
Una azucena tronchada
     Me pareces.


  Porque al darte la pureza,
De que es símbolo celeste,
Como a ella, te hizo Dios
     De oro y nieve.

Rimas - Becquer XVIII

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Rimas - Becquer




XVIII


       Fatigada del baile,
Encendido el color, breve el aliento,
     Apoyada en mi brazo,
Del salón se detuvo en un extremo.


       Entre la leve gasa
Que levantaba el palpitante seno,
     Una flor se mecía
En compasado y dulce movimiento.


       Como en cuna de nácar
Que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
     Tal vez allí dormía
AL soplo de sus labios entreabiertos.


       —¡Oh!! ¡Quén así —pensaba—
Dejar pudiera deslizarse el tiempo!
     ¡Oh, si las flores duermen,
     Qué dulcísimo sueño!

Rimas - Becquer XVII

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Rimas - Becquer




XVII


  Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
Hoy llega al fondo de mi alma el sol;
Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...
     ¡Hoy creo en Dios!

Rimas - Becquer XVI

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XVI

  Si al mecer las azules campanillas
     De tu balcón,
Crees que suspirando pasa el viento
     Murmurador,
Sabe que, oculto entre las verdes hojas,
     SUspiro yo.


  Si al resonar confuso a tus espaldas
     Vago rumor,
Crees que por tu nombre te ha llamado
     Lejana voz,
Sabe que, entre las sombras que te cercan,
     Te llamo yo.


  Si se turba medroso en la alta noche
     Tu corazón,
AL sentir en tus labios un aliento
     Abrazador,
Sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
     Respiro yo.


Rimas - Becquer XV

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XV


  Cendal flotante de leve bruma,
Rizada cinta de blanca espuma,
     Rumor sonoro
     De arpa de oro,
Beso del aura, onda de luz:
     Eso eres tú.

  Tú, sombra aérea, que cuantas veces
Voy a tocarte, te desvaneces
Como la llama, como el sonido,
Como la niebla, como el gemido
     Del lago azul.

  En mar sin playas onda sonante,
En el vacío cometa errante,
     Largo lamento
     Del ronco viento,
Ansia perpetua de algo mejor:
     Eso soy yo.

  ¡Yo, que a tus ojos en mi agonía
Los ojos vuelvo de noche y día;
Yo, que incansable corro y demente
Tras una sombra, tras la hija ardiente
     De una visión!

Rimas - Becquer XIV

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XIV


  Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos,
La imagen de tus ojos se quedó.
COmo la mancha oscura, orlada en fuego,
Que flota y ciega, si se mira al sol.

  Adondequiera que la vista fijo,
Torno a ver tus pupilas llamear;
Mas no te encuentro a ti; que es tu mirada:
Unos ojos, los tuyos, nada más.

  De mi alcoba en el ángulo los miro,
Desasidos, fantásticos lucir;
Cuando duermo los siento que se ciernen
De par en par abiertos sobre mí.

  Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
Llevan al caminante a perecer:
Yo me siento arrastrado por tus ojos,
Pero adónde me arrastran, no lo sé.

Rimas - Becquer XIII

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XIII

  Tu pupila es azul, y, cuando ríes,
Su claridad süave me recuerda
El trémulo fulgor de la mañana
     Que en el mar se refleja.

  Tu pupila es azul, y, cuando lloras,
Las trasparentes lágrimas en ella
Se me figuran gotas de rocío
     Sobre una violeta.

  Tu pupila es azul, y, si en su fondo
Como punto de luz radia una idea,
Me parece en el cilo de la tarde
     ¡Una perdida estrella!

Rimas - Becquer XII

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XII


  Porque son, niña, tus ojos
Verdes como el mar, te quejas;
Verdes los tienen las náyades,
Verdes los tuvo Minerva,
Y verdes son las pupilas
De las hurís del profeta.

  El verde es gala y ornato
Del bosque en la primavera;
Entre sus siete colores
Brillante el iris lo ostenta;
Las esmeraldas son verdes,
Verde el color del que espera,
Y las ondas del Océano,
Y el laurel de los poetas.

  EN tu mejilla temprana
Rosa de escarcha cubierta,
En que el carmín de los pétalos
Se ve al través de las perlas.
     Y, sin embargo,
     Sé que te quejas,
     Porque tus ojos
     Crees que la afean:
     Pues no lo creas;
Que parecen tus pupilas
Húmedas, verdes e inquietas,
Tempranas hojas de almendro
Que al soplo del aire tiemblan.

  Es tu boca de rubíes
Purpúrea granada abierta,
Que en el estío convida
A apagar la sed en ella.
     Y, sin embargo,
     Sé que te quejas,
     POrque tus ojos
     Crees que la afean:
     Pues no lo creas;
Que parecen, al enojada
Tus pupilas cente…

Rimas - Becquer XI

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XI


  —Yo soy ardiente, yo soy morena,
Yo soy el símbolo de la pasión;
De ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas? —No es a tí; no.

  —MI frente es pálida, mis trenzas, de oro;
Puedo brindarte dichas sin fin;
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas? —No, no es a tí.

  —Yo soy un sueño, un imposible,
Vano fantasma de niebla y luz;
Soy incorpórea, soy intangible;
No puedo amarte. —¡Oh, ven; ven tú!

Rimas - Becquer X

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X


  Los invisibles átomos del aire
En derredor palpitan y se inflaman;
El cielo se deshace en rayos de oro;
La tierra se estremece alborozada;
Oigo flotando en olas de armonía
Rumor de besos y batir de alas;
Mis párpados se cierran... ¿qué sucede?
—¡Es el amor que pasa!

Rimas - Becquer IX

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Rimas - Becquer




IX


  Besa el aura que gime blandamente
Las leves ondas que jugando riza;
El sol besa a la nube en Occidente
Y de púrpura y oro la matiza;
La llama en derredor del tronco ardiente
Por besar a otra llama se desliza,
Y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
Al río que le besa, vuelve un beso.

Rimas - Becquer VIII

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Rimas - Becquer




VIII


  Cuando miro el azul horizonte
     Perderse a lo lejos,
Al través de una gasa de polvo
     Dorado e inquieto,
Me parece posible arrancarme
     Del mísero suelo,
Y flotar con la niebla dorada
     En átomos leves
     Cual ella deshecho.

  Cuando miro de noche en el fondo
     Oscuro del cielo
Las estatuas temblar, como ardientes
     Pupilas de fuego,
Me parece posible a do brillan
     Subir en un vuelo,
Y anegarme en su luz, y con ellas
     En lumbre encendido
     Fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo
     Ni aun sé lo que creo;
¡Sin embargo, estas ansias me dicen
     Que yo llevo algo
     Divino aquí dentro!...

Rimas - Becquer VII

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Rimas - Becquer




VII

  Del salón en el ángulo oscuro,
De su dueño tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo
     Veíase el arpa.

  ¡Cuán nota dormía en sus cuerdas,
Como el pájaro duerme en la rama,
Esperando la mano de nieve
     Que sabe arrancarlas!

  ¡Ay! —pensé— ¡cuántas veces el genio
Así duerme en el fondo del alma,
Y una voz, como Lázaro, espera
Que le diga: «¡Levántate y anda!».