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Mostrando las entradas etiquetadas como cuento

El velo de la Reina Mab - Rubén Darío

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La reina Mab[1], en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados.Por aquel tiempo, las hadas habían repartido sus dones a los mortales. A unos habían dado las varitas misteriosas que llenan de oro las pesadas cajas del comercio; a otros unas espigas maravillosas que al desgranarlas colmaban las trojes de riqueza; a otros unos cristales que hacían ver en el riñón de la madre tierra, oro y piedras preciosas; a quiénes cabelleras espesas y músculos de Goliat, y mazas enormes para machacar el hierro encendido; y a quiénes talones fuertes y piernas ágiles para montar en las rápidas caballerías que se beben el viento y que tienen las crines en la carrera.

En Chile - Rubén Darío

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[Álbum porteño]En busca de cuadrosSin pinceles, sin paleta, sin papel, sin lápiz, Ricardo, poeta lírico incorregible, huyendo de las agitaciones y turbulencias, de las máquinas y de los fardos, del ruido monónotono de los tranvías y el chocar de los caballos con su repiqueteo de caracoles sobre las piedras; del tropel de los comerciantes, del grito de los vendedores de diarios; del incesante bullicio e inacabable hervor de este puerte; en busca de impresiones y de cuadros, subió al Cerro Alegre, que, gallardo como una gran roca florecida, luce sus flancos verdes, sus montículos coronados de casas risueñas escalonadas en la altura, rodeadas de jardines, con ondeantes cortinadas de enredaderas, jaulas de pájaros, jarras de flores, rejas vistosas y niños rubios de caras angélicas.

El palacio del sol - Rubén Darío

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A vosotras, madres de las muchachas anémicas, va esta historia, la historia de Berta, la niña de los ojos color de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul.Ya veréis, sanas y respetables señoras, que hay algo mejor que el arsénico y el fierro para encender la púrpura de las lindas mejillas virginales; y que es preciso abrir la puerta de su jaula a vuestras avecitas encantadoras, sobre todo cuando llega el tiempo de la primavera y hay ardor en las venas y en las savias, y mil átomos de sol abejean en los jardines, como un enjambre de oro sobre las rosas entreabiertas.*

Bouquet - Rubén Darío

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La linda Stela, en la frescura de sus quince abriles, pícara y risueña, huelga por el jardín acompañada de una caterva bulliciosa.Se oye entre las verduras y los follajes trisca y algazara. Querubines de tres, de cuatro, de cinco años, chillan aturden y cortan ramos florecidos. Suena en el jardín como un tropel de mariposas o una alegre bandada de gorriones.De pronto se dispersan. Cada chiquilla busca su regazo. Stela da a cada cual un dulce y una caricia; besa a su madre, y luego viene a mostrarme, toda encendida y agitada, el manojo de flores que ha cogido.Sentada cerca de mi, tiene en las faldas una confusión de pétalos y de hojas. Allí hay un pedazo de iris hecho trizas. Es una muchedumbre de colores y una dulce mezcla de perfumes.

El sueño de Chuang Tzû

El sueño de Chuang Tzû.

Once upon a time, I, Chuang Tzû, dreamt I was a butterfly, fluttering hither and thither, to all intents and purposes a butterfly. I was conscious only of following my fancies as a butterfly, and was unconscious of my individuality as a man. Suddenly, I awaked, and there I lay, myself again. Now I do not know whether I was then a man dreaming I was a butterfly, or whether I am now a butterfly dreaming I am a man. Between a man and a butterfly there is necessarily a barrier. The transition is called Metempsychosis.

Herbert Allen Giles (1889): Chuang Tzu, p. 32.-
Traducción de Refugiofantasia:

Érase una vez, yo,Chuang Tzu,soñé queera una mariposa,revoloteandode aquí para allá, atodos los efectos era una mariposa.Estabaconsciente sólode seguirmis fantasíascomo una mariposa, yera consciente demi individualidadcomo hombre.De repente,me desperté, yallíestaba, yode nuevo.Ahorano sési yo eraentonces un hombresoñandoque era una mariposao siahora soyuna mariposa soñ…

Jesus - Enrique Rivas

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Enrique Rivas nació en Capital Federal un 1 de abril de 1979. Vivió toda su vida en la ciudad de Temperley. Actualmente intenta estudiar la carrera de Letras en la Universidad de Lomas de Zamora. Escribe poemas, cuentos y novelas."Jesús" integra el libro de cuentos Los nietos del carnicero es su primer libro publicado por Editorial Funesiena. El libro puede comparse o ser descargado en formato .pdfPasen y lean.

Caníbales y exploradores - Ana María Shua

Los caníbales bailan alrededor de los exploradores. Los caníbales encienden el fuego. Los caníbales tiene la cara pintada de tres colores. Los caníbales están interesados en el corazón y el cerebro, desprecian la carne tierna de los muslos, el resto de las vísceras. Los caníbales ingieren aquellas partes del cuerpo que consideran capaces de fundir en ellos las virtudes que admiran de sus víctimas. Los caníbales se ensañan sin goce en su banquete ritual. Los caníbales visten las prendas de los exploradores. Los caníbales, una vez en Londres, pronuncian documentadas conferencias sobre los caníbales.

Vienen Bajando. Primera antología argentina de cuento zombie.

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Vienen bajando se autodefine como la primera antología argentina de cuento zombie. ¿Qué nos quieren decir los autores con esta nueva categoría propuesta? Son, seguro, cuentos que vienen a comernos el cerebro. Lo pueden descargar en la página del Centro de Estudios Contemporáneos en formato pdf, epub o mobi. Pasen y lean.

Los esclavos - Jacques Sternberg

En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien. Porque, de hecho, estaba bien. Salvo que el gato era holgazán y no deseaba hacer nada. Entonces, más adelante, después de algunos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con el objeto de servir al gato, de darle al gato un esclavo para siempre. Al gato, Dios le había dado la indolencia y la lucidez; al hombre, le dio la neurosis, la habilidad manual y el amor por el trabajo. El hombre se dedicó de lleno a eso. Durante siglos construyó toda una civilización basada en la inventiva, la producción y el consumo intenso. Una civilización que, en suma, escondía un único propósito secreto: darle al gato cobijo y bienestar. Es decir que el hombre inventó millones de objetos inútiles, y por lo general absurdos, sólo para producir los contados objetos indispensables para la comodidad del gato: el radiador, el almohadón, el tazón para la leche, el tacho con aserrín, el tapiz, la alfombra, la c…

La perra - Dani Umpi

A esta perra lo único que le falta es hablar. Cada mañana suena el despertador, ella estira la patita sobre la mesa de luz hasta encontrar el botón titilante y lo apaga. ¿Podés creer? Apaga el despertador como si fuera una persona, como si fuera yo. Y si no le doy la comida frente a sus narices, no come. A veces se la doy en la boca, como a un bebé. Igual se pasa un día o dos sin comer. Tres o cuatro. El verano pasado estuvo cuatro días sin comer y mi vecina no sabía qué hacer, me enloquecía por teléfono contándome que la perra se portaba bien, que ni siquiera ladraba, pero no le comía nada, nada de nada. Tuvimos que volvernos. Y ahora él quiere quedarse con la perra. Él, justamente él, que si no hubiera sido por mí y esa idea de último momento que se me ocurrió, eso de dejarle encargada la perra a la vecina durante las vacaciones, si no hubiera sido por mi cabecita, la perra quedaba encerrada, olvidada. ¡Él ahora quiere quedarse con la perra!¡Parece un chiste!¡Tanto que la insultaba …

La salvación - Adolfo Bioy Casares

Esta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extrajeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era un fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triundo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" —sin duda estaba pensando el tirano— "es capaz de lo que yo, pastor de los pueblos, soy incapaz?" Entonces un pájaro, que bebía de la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" —dijo indicando al pájaro— "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

La cólera de un particular - Rodolfo Walsh

En 1967 Susana "Piri" Lugones preparó una antología de cuentos escogidos por escritores titulada "El libro de los autores". Seis autores participan en la elección Borges con Wakefield de N. Hawthorne, Mujica Láinez con El terror de Dunwich de H. P. Lovecraft, Sábato con Bartleby de H. Melville, Castillos con La sirenita de Hans Christian Andersen, Viñas con El matadero de Esteban Echeverría y Walsh con La cólera de un particular, cuento chino de autor anónimo. No elecciones casuales, así que en el día del periodista elegimos la elección de Walsh y te la regalamos.

El dúo de la tos - Leopolodo Alas (Clarín).

El dúo de la tos - Leopolodo Alas (Clarín).El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, docenas y docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y que cada cual toma por los de la víspera. «Se está aquí más solo que en la calle, tan solo como en el desierto», piensa un bulto, un hombre envuelto en un amplio abrigo de verano, que chupa un cigarro apoyándose con ambos codos en el hierro frío de un balcón, en el tercer piso. En la obscuridad de la noche nublada, el fuego del tabaco brilla en aquella altura como un gusano de luz. A veces aquella chispa triste se mueve, se amortigua, desaparece, vuelve a brillar. «Algún viajero que fuma», piensa o…

El día no restituido - Giovanni Papini

El día no restituido - Giovanni Papini

Conozco muchas viejas y hermosas princesas, pero solamente a aquellas que son tan pobres que apenas tienen una pequeña sirvienta vestida de negro y que están reducidas a vivir en alguna degradada villa toscana, una de esas escondidas villas donde dos cipreses polvorientos montan guardia junto a un portal de rejas murado. Si encuentran alguna en el salón de una condesa viuda y fuera de moda llámenla Alteza y háblenle en francés, ese francés internacional, clásico, incoloro que pueden aprender en los Contes Moraux del abate Marmontel; el francés, en fin, de las gens de qualitéi. Mis princesas responderán casi siempre y luego que hayan penetrado en sus pobres almas -pequeñas y llenas de polvo y de quincallería, como oratorios de fines del siglo XVII-, se darán cuenta de que la vida puede ser aceptada y que nuestra madre no ha sido tan necia como parecía poniéndonos en el mundo. ¡Qué secretos extraordinarios me han susurrado mis hermosas y…

El sueño. (Ya me haré otro blog para publicar mis escritos, mientras...)

Ayer soñé, hoy recuerdo el sueño. Soñar, para mí es algo extraño, extraño por insólito. Basícamente el sueño fue así:

Veía en la tele el último capítulo de la serie "Santiago Nasar, the begining". En éste, como en todos los anteriores, el comienzo era el final y así como en Crónicas, Santiago nunca se enteraba de aquello que todos ya sabían. Ahora que lo pienso, la serie nos dejaba un Santiago algo estúpido.

Cuando terminó el capítulo me dije, "estos tipos ahora tienen que sacar la película" (no sé si alguna vez fue filmada). Pero no, la cadena había decidido abandonar el proyecto por completo.Además, Gabo ahora estaba escribiendo una nueva novela. Yo me alegré por eso y viajé a Colombia.

El viaje en el sueño no duró mucho. Del aeropuerto de Bogotá puedo decir que estaba lleno de militares, perros y olor a café, ese olor lo cubría todo. Al llegar a su oficina lo encontré vestido de blanco, como siempre, bailando capoeira, dando vueltas por el aire, sostiendose el somb…

Tren - Santiago Dabove

El tren era el de todos los días a la tardecita, pero venía moroso, como sensible al paisaje.
Yo iba a comprar algo por encargo de mi madre.
Era suave el momento, como si el rodar fuera cariño en los lúbricos rieles. Subí, y me puse a atrapar el recuerdo más antiguo, el primero de mi vida. El tren se retardaba tanto que encontré en mi memoria un olor maternal: leche calentada, alcohol encendido. Esto hasta la primera parada: Haedo. Después recordé mis juegos pueriles y ya iba hacia la adolescencia, cuando Ramos mejía me ofreció una calle sombrosa y romántica, con su niña dispuesta al noviazgo. Allí mismo me casé, después de conocer y visitar a sus padres y al patio de su casa, casi andaluz. Ya salíamos de la iglesia del pueblo, cuando oí tocar la campana; el tren proseguía el viaje. Me despedí y, como soy muy ágil, lo alcancé. Fui a dar a Ciudadela, donde mis esfuerzos querían horadar un pasado quizá imposible de resucitar en el recuerdo.
El jefe de estación, que era amigo, acudió para d…

La última visita del caballero enfermo - Giovanni Papini

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastianbo del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron —yo estoy entre esos pocos— recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos.Era, verdaderamente, un sembrado de espanto. Su presencia daba un color fantástico a las cosas más sencillas; cuando su mano tocaba algún objeto, parecía que éste ingresara al mundo de los sueños. Nadie le preguntó cuál era su enfermedad y por qué no se cuidaba. Vivía andando siempre, sin detenerse, día y noche. Nadie supo nunca dónde estaba su casa, nadie le conoció padres o hermanos. Apareció un día en la ciudad y, después de algunos años, otro día, des…

Historia de los dos que soñaron - Gustavo Weil

Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme) que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió, menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño a un desconocido que le dijo:—Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, ha…

El sueño de Chuang Tzú

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.